La energía limpia que viene del mar
La instalación energética de Mutriku es la primera planta comercial europea que aprovecha la energía de las olas para producir electricidad.
Existen experiencias anteriores que utilizan esta misma tecnología en las islas Azores y en Escocia; pero la de Euskadi es la primera central comercial conectada a la red eléctrica.
Inaugurada en julio del año pasado, la planta undimotriz de Mutriku produce electricidad con la fuerza del oleaje e inyecta la energía directamente en la red para su consumo.
“Existen diversas tecnologías para aprovechar la energía del mar. La energía de las mareas requiere un determinado desnivel, y no lo tenemos. Tampoco disponemos de corriente marinas. Pero vimos que el País Vasco tenía un buen potencial para aprovechar la fuerza de las olas”, dice Gloria Echevarría, técnica del Ente Vasco de Energía, adscrito del Departamento de Industria, que ha promovido la instalación.
La planta utiliza la tecnología denominada columna de agua oscilante, considerada la tecnología marina más avanzada y madura de las existentes en el mercado. La inversión total del proyecto ha sido de 6,7 millones de euros, de los cuales 2,3 millones correspondieron a la planta undimotriz y el resto, a la contundente obra del dique de abrigo.
La instalación consta de una serie de cámaras (con 16 turbinas) insertadas en el interior del dique, con cavidades expuestas al oleaje. Cuando la ola alcanza el dique, el agua presiona de forma ascendente el aire de estas cámaras, de manera que sale a presión por el orificio superior hasta alcanzar una turbina, que gira e imprime el movimiento necesario para generar la electricidad. Del mismo modo, cuando se retira la ola, el aire es succionado y también produce un movimiento giratorio en la turbina que, conectada a un generador, produce energía eléctrica. El vaivén del aire hace que las olas nunca estén en contacto ni con las turbinas ni con los generadores eléctricos. Las dieciséis turbinas (296 kW) son capaces de producir unos 600.000 kWh anuales, lo que equivale al consumo de aproximadamente 600 personas.
Leer artículo completo en La Vanguardia (escrito por Antonio Cerrillo)


