¿Hasta qué punto estamos delante de escuelas socialmente responsables?

En un libro de próxima publicación, Business Schools: Which Contribution to Society? (título provisional), escrito por decanos y directores generales de las escuelas de negocios europeas, se reflejan algunas orientaciones para poder evaluar hasta qué punto nos encontramos ante una institución que cumple, o no, con su responsabilidad hacia la sociedad.

¿Es suficiente decir que se dan clases de ética o de desarrollo sostenible para considerar que se está ofreciendo la formación y la orientación deseable para la sociedad? Si queremos directivos competitivos, capaces de generar y mantener proyectos rentables y sostenibles y, a la vez, generadores de valor social, estamos ante temas que trascienden el impartir, o no, clases de ética. Es más, las clases de ética o de sostenibilidad económica y medioambiental, ofrecidas de una manera aislada, pueden generar más rechazo que asimilación, si no se va “más allá del currículum”.

¿Test de inteligencia?

¿Qué podríamos decir de escuelas de negocios que, en las clases de finanzas, endiosan el éxito económico en el corto plazo obtenido a costa del éxito económico en el medio y largo plazo? ¿Qué ejemplo de buenas prácticas puede ofrecer una escuela de negocios que selecciona a los alumnos, exclusivamente, por un test de inteligencia y no valora también la capacidad de emprendimiento o de innovación o de la responsabilidad social? ¿Qué podemos esperar de una escuela de negocios en la que el proceso de aprendizaje se circunscribe y delimita a una relación “cliente-proveedor” con toda la pérdida de riqueza que ello implica? ¿Qué cultura creamos cuando dejamos de lado el valor del esfuerzo? ¿Cómo podríamos quejarnos de la falta de espíritu de equipo si el sistema de evaluación hace de tu compañero de clase tu enemigo? Las respuestas a éstas y otras preguntas similares nos dibujan un amplio espectro de instituciones diferentes. Desde instituciones creadoras de capital social a través de directivos y empresarios competentes, luchadores, líderes que saben articular competitividad y cooperación, que saben articular creación de valor para el accionista con la creación de valor para el conjunto de implicados (o stakeholders); que saben armonizar el corto con el largo plazo…, hasta las escuelas de negocios auténticas fábricas de especuladores, incapaces de crear empresas y de mantenerlas y, en algunos casos, de gente sin escrúpulos que tan “caros” resultan al conjunto de la sociedad. Porque hoy, si algo tenemos claro, es que la irresponsabilidad tiene altísimos costes económicos y sociales, y genera riesgos que pueden ser insalvables.

Entender la crisis actual y darle salida en el medio y largo plazo pasa, también, por preguntarnos qué escuelas de negocios queremos en un mundo cada vez más globalizado.

Fuente Cinco Días

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